Las nuevas tecnologías digitales han democratizado
el acceso de casi todos a un mundo que estaba
reservado para unos pocos…al menos en el cine.
La aparición de cámaras de video familiares permitió,
a quien quisiera, concretar el sueño de realizar
un cortometraje o un largometraje. Una oportunidad
para quienes creen que es posible contar una
historia con lo que se tenga a mano: la casa, el auto,
el campo, los amigos, los familiares, el tiempo de
todos y las ganas de muchos.
Y se empieza como un juego, como ocurrió en
Saladillo, donde ya suman dieciocho los largometrajes
de ficción realizados en sólo una década.
Parece mucho, pero sólo es un comienzo.
En estos primeros diez años llegamos a una sola
certeza: lo que importa es la continuidad. Y además,
intentar hacer un cine para la gente, para la
comunidad que lo dio todo y lo hizo posible.
En tanto, seguiremos hacia adelante. Y de paso,
intentaremos hacer historia. Humildemente.
Definitivamente, la identidad de cada pueblo queda
registrada en cada película…para siempre. |